martes, 13 de diciembre de 2011

Cuatro de Manuel Puig

El otro día al pasar con paso ligero ante el escaparate de una papelería de esas que tienen de todo un poco, desde periódicos a chucherías, también material escolar y hasta refrescos, pude leer un cartel que anunciaba la venta de libros rebajados. Sin pensármelo dos veces, entré y solicité al empleado que me dejase ver los ejemplares de saldo.


Me imaginaba la clásica oferta de libros sobrantes de alguna colección literaria de quiosco; pero en el montón se apilaban libros de bolsillo de escritores de buen leer, entre ellos varios títulos de Manuel Puig (1932-1990), un argentino que comenzó a ser conocido a finales de la década de los setenta, gracias sobre todo a su novela El beso de la mujer araña, cuya versión cinematográfica proyectó más la figura del errante escritor que la narración en sí. 



De esa obra puesta a la venta en 1976, que compré en la citada tienda, se puede ver aquí una página original escrita a máquina y corregida con bolígrafo por Puig. Sin embargo, como uno es animal de costumbres, a pesar de haberla ya leído, mi ojos enseguida se dirigieron a la portada de Pubis angelical, mi obra preferida del escritor argentino, sin menospreciar las demás a las que maniáticamente recurro a menudo cuando estoy frente a los libros ya leídos.


Quizás, uno que es hijo de una época en que la cultura popular campaba a sus anchas, es decir cine, radio, tebeos, cromos, televisión, música pop, se deja seducir por la escritura de Manuel Puig, de quien, según los chismes literarios, Vargas Llosa llegó a decir con desprecio que el argentino escribía como Corín Tellado. Eso fue antes de que el peruano diese a la imprenta La tía Julia y el escribidor y posteriores novelas emparentadas con el folletín puro y duro.

A lo que iba. También me llevé Boquitas pintadas y Maldición eterna. La segunda era la única que no había leído ni tenía, por tanto una grata sorpresa el haber entrado en aquella papelería. Sobre Pubis angelical dejo descripciones para los críticos que viven de ello. A mí me alegró las horas de guardia en un viejo cuartel de Levante cuando hacía la mili. Era la primera edición que lanzaba Seix Barral. ¡Cómo pasa el tiempo!



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